En las empresas donde he estado no existía la costumbre de testar los funcionalidades que se desarrollaban. El diseñador era el responsable de crear una experiencia óptima. Depende de su habilidad y su experiencia para crear productos que funcionan a la perfección. Delegar en un diseñador era como confiar en Dios.

Una vez presentado el diseño y después de la construcción de la app es cuando se podía tener algún tipo de feedback.

Si no tenías ninguna opinión del mundo exterior se entendía que se había desarrollado un buen producto. En caso de tener feedback del cliente, era casi seguro que se trataba de una queja de usabilidad que había sido comunicada al departamento de atención al cliente.

Uno de los argumentos para no realizar test de usuarios es que no había tiempo para ello.

Uno de los mayores aprendizajes que he hecho como diseñador ha sido aplicar la metodología de experiencia de usuario al proceso de diseño.

Los test de usuario me han servido para validar un prototipo con usuarios reales. Lo que para un diseñador resulta obvio puede no serlo para un usuario. Y he aprendido que es normal que haya cosas que no se entiendan, ya que el modelo mental del diseñador difiere del modo de pensar del usuario.

Los test de usuario son una lección de humildad para los diseñadores ya que así abandonan su Olimpo y bajan a la tierra donde están el resto de los mortales.